Esteros del Iberá
Los esteros del Iberá son una amplia red de arroyos, riachos, pantanos, lagunas y bañados que abarca entre 15 000 y 25 000 km² en la provincia de Corrientes, en el noreste de la República Argentina. Solo es superado en extensión por el Pantanal brasileño, con el cual forman el segundo humedal más grande del mundo, parte de un sistema hidrográfico mucho más extenso en el que se desarrolla un ecosistema subtropical de grandísima diversidad.
Geografía
La región del Iberá se ubica en la depresión central de La Crespa, flanqueada por terrenos más altos de carácter geológicamente diverso en las márgenes de los ríos Paraná y Uruguay, que constituye el centro de la provincia de Corrientes. Toma la forma de una ancha llanura, de pendiente apenas superior al 1% que permite un lento desagüe en dirección noreste-sudoeste. La formación del sistema no se conoce con exactitud. El lecho del Paraná está excavado sobre un sustrato de basalto poroso que presenta fracturas importantes en varios puntos; la mayor de estas fallas secciona diagonalmente la totalidad de la provincia de Corrientes, e interseca el lecho del Paraná unos 90 kilómetros río abajo de la ciudad de Posadas con una pared basáltica de considerable espesor. Se especula con que la presencia de esta pared desviaba antiguamente el curso del río, llevándolo en dirección sudeste por los bajíos que hoy componen el sistema del Iberá y dando origen a la morfología actual de la zona. El cauce del río habría tomado su forma presente una vez la erosión hizo practicable el flujo a través del banco rocoso de los saltos de Yacyretá-Apipé. También la erosión eólica habría ayudado a deprimir las lomadas y cuchillas que surcan los esteros.
Clima
El clima es netamente subtropical. El invierno es relativamente seco, con temperaturas mínimas que llegan a -5 °C, y fuertes precipitaciontes durante el otoño y la primavera. El verano es también húmedo y muy caluroso, con máximas que pueden superar los 45 °C. Las precipitaciones anuales rondan los 1.700 mm.
Fauna
Según los estudios más recientes, la presencia de vertebrados terrestres abarca unas 85 especies de mamíferos, 35 de reptiles y alrededor de 45 anfibios (Fraga: 2001). Existen aproximadamente 250 especies de aves, entre las cuales más del 90% son nativas o autóctonas de la región. Las especies de mayor porte son el ciervo de los pantanos (Blastoceros dichotomous, en guaraní pukú guazú) y el venado de las Pampas. El primero, excelente nadador, se extiende por toda la región, viviendo sobre los embalsados durante largas temporadas, por lo cual es difícil de avistar salvo desde embarcaciones. El segundo, de menor tamaño, está restringido a la zona de tierra firme. Ambas especies están consideradas en peligro. Las especies de reptiles incluyen a los omnipresentes yacaré negro y yacaré overo. Ambos superan los dos metros de longitud en ocasiones, aunque los ejemplares de buen tamaño son escasos debido a la intensa caza furtiva antes de la constitución del parque. Las dos especies se han repoblado con facilidad y son fáciles de avistar actualmente. Varias especies de serpientes —entre ellas las muy venenosas yarará o víbora de la cruz, serpiente de cascabel, y serpiente de coral, además de las inofensivas cobra de agua, falsa yarará y la constrictora curiyú—, de tortugas, de lagartos — entre los que se destaca la iguana overa— completan el panorama, al que se suman numerosas especies de anfibios de todos los tamaños.
Flora
La vegetación acuática es frondosa y cubre extensas áreas. El camalote es el género más extendido y conforma generalmente la base de los embalsados, junto con el irupé, una espléndida especie cuyos ejemplares pueden llegar a los dos metros de diámetro y lucen una flor enorme y vistosa. La ortiga acuática, la caña y el lirio completan el repertorio de la zona anegada. Sobre los embalsados se deposita tierra y semillas llevadas por el viento; la densidad de su base es suficiente para que sobre ellos crezcan especies de tierra firme, tanto arbustos como árboles. El ceibo, el curupí, el guayabo, el jacarandá, el lapacho, el laurel, el ombú, el sauce, el timbóel y el urunday son las especies más representativas, junto con las palmeras caranday, pindó y yatay. Hacia el sur la vegetación se transforma, apareciendo densas arboledas de algarrobillo y espinillo.
Visita
El Centro de Interpretación Iberá se encuentra a orillas de la laguna Luna, junto al pueblo de Colonia Carlos Pellegrini, la mejor base para la exploración del parque. El acceso se realiza desde la ciudad de Mercedes, de la que lo separan unos 120 km de carretera sin pavimentar.
El centro cuenta con un salón de exposiciones con material ilustrativo acerca de la historia, geografía y biología del parque. Desde allí parten senderos a través del monte y orillando la laguna para observar la flora y fauna. Es recomendable contar con un guía, que se puede contratar en el mismo lugar, puesto que los hábitos y horarios de las especies locales las hacen difíciles de avistar por el aficionado. Sin embargo, la mejor opción para conocer la laguna es contratar en Colonia Pellegrini un paseo acuático. Bajo la guía de un conocedor, el recorrido permite observar las especies más tímidas, así como las aves y plantas acuáticas, y caminar sobre los embalsados. La navegación nocturna ofrece la posibilidad de avistar animales que durante el día se esconden de los rigores del sol. Para el visitante, el invierno presenta el mejor momento para acceder al parque. Aunque la flora no muestre el esplendor de la primavera, las molestias ocasionadas por los insectos son mucho menores. Durante el verano, además, las horas de mediodía son impracticables por la intensidad del calor.
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